venerdì 3 giugno 2011

Cerebros sin límites


En nuestra era neurocéntrica, donde el prefijo “neuro” domina no sólo la biología del ser humano, sino la misma sociedad y cultura, no sorprende la película “Sin Límites” (Limitless) que salió el mes de marzo de 2011 en Estados Unidos.

Se podría inscribir esa obra thriller sci-fi de Neil Burger en la así llamada neurocinematografía. ¿A qué nos estamos refiriendo con estos términos?


La historia que nos plantea el productor Neil Burger, basada en una novela de Alan Glynn, es la de un pobre hombre que lo ha perdido todo y consigue tener acceso a una droga que potencia su capacidad cerebral, es decir, le convierte en un genio.

La película cuenta cómo el aspirante a escritor Eddie Morra (Bradley Cooper) pasa por un periodo de depresión. Su vida da un giro en cuanto un viejo amigo le da a conocer el NZT, un medicamento revolucionario que le permite aprovechar su potencial cerebral por completo, hasta el 100%.

Con cada impulso nervioso, Eddie puede recordar absolutamente todo lo que ha leído, visto o escuchado, aprender cualquier idioma en un día, entender ecuaciones complejas y encantar a todo aquel con el que se cruce, siempre que continúe tomando la droga experimental.

Eddie no tardará en conquistar Wall Street, convirtiendo un pequeño capital en millones. Sus hazañas llaman la atención del magnate Carl Von Loon (Robert De Niro), que le invita a participar en la fusión corporativa más grande de la historia.

¿Se trata de una película al límite de la realidad? ¿O nos da un escenario neurocientífico de la cultura globalizada de hoy?

La película nos habla del así llamado brain-enhancement o potenciamiento cerebral. Para mejorar nuestras habilidades superiores ya existen un gran número de técnicas que permiten implementar la capacidad y rapidez de la lectura, de la percepción de nuestro cuerpo con respecto al ambiente circunstante. Se conocen alimentos que ayudan al aprendizaje, hay listas de ejercicios físicos que pueden facilitar el estudio y el trabajo. Además, se difunden técnicas que exigen un cierto esfuerzo y son útiles para quitar el estrés, para experimentar un estado de felicidad, etc. ¿Qué tal si se pudiera obtener un mismo efecto gastando menos tiempo y esfuerzo?

Son de esta opinión los numerosos estudiantes estadounidenses y europeos que hoy en día acostumbran prescribirse psicofármacos como el Ritalin, el Adderall o el Modafinil con la única razón de obtener resultados académicos excelentes en menos tiempo, y con el simple gasto de unos cien dólares. Acerca del correcto empleo del Ritalin se puede consultar el documento escrito por la Harvard Law School y titulado: The invasion of Rintalin. A call for federal regulation and public policy reform (http://leda.law.harvard.edu/leda/data/675/Bonanni_redacted.html).

El uso de medicamentos para aumentar el rendimiento mental podría en breve tiempo unirse a métodos de estimulación cerebral no invasivos. Ya existen cascos electromagnéticos empleados de manera experimental en la terapia de ictus cerebrales, depresión, y otros problemas a nivel cerebral. Douglas Fox, en un artículo titulado Brain Buzz y publicado el 14 de abril de 2011 en la revista científica Nature (vol. 472), plantea estos escenarios.  

Una pregunta problemática surge de la película Limitless: ¿y quién no tomaría un comprimido como aquel para implementar al 100% las potencialidades de su cerebro?

Este es un primer nivel de reflexión. El protagonista de la película no es un superhéroe, no es un personaje de la fantasía, sino que es una persona ordinaria, un hombre común, como nosotros, que acepta tomar un medicamento en fase experimental para salir de un estado de crisis y de falta de autoestima potenciando al 100% sus capacidades cognitivas. De este modo se plantea la idea de que las dificultades y los problemas que nuestra naturaleza humana encuentra con tanta frecuencia, puedan ser sencillamente solucionados sin esfuerzo por el progreso de la neurociencia aplicada a la farmacología.

Para el protagonista de la película los límites de nuestra naturaleza humana son considerados de por sí inaceptables. No es ciertamente casualidad si la película tiene ese título. ¿De verdad eso es así?

Si miramos a nuestro alrededor, pero también si nos miramos a nosotros mismos, ¿no es verdad que vivimos en un clima de hiper-activismo? ¿No es verdad que sufrimos frecuentemente al encontrar barreras a nuestros planes y proyectos, al experimentar cansancio y desgana cuando todavía tenemos que entregar un trabajo y estamos retrasados? ¿No es verdad que entonces desearíamos una de estas pastillas?

No hay que ir demasiado lejos con la fantasía. Hoy en día ya se recetan antidepresivos frente a un luto familiar. Para vencer la timidez se utilizan espray nasales que contienen la hormona oxitocin, etc. Los estudiantes emplean, además del común café, estimulantes y fármacos para potenciar su cerebro y rendir más.

Un clima de excesiva competición está presente a todos los niveles sociales. ¿Es entonces justificado que sujetos en perfecto estado de salud tomen fármacos dopantes para afrontar las expectativas sociales?

Las neuropelículas como Limitless tienen otra cara de la medalla. Se trata de problemas que la opinión pública muchas veces no considera, y que a largo plazo pesan sobre las familias y los médicos. Son los riesgos altísimos del empleo de estas neurobiotecnologías en sujetos sanos, entre ellos dependencias, psicosis, etc.

La problemática actual es que la tecnología muchas veces supera los conocimientos médicos en el sentido de que todavía no se conocen las interacciones a largo plazo de estos psicofármacos con las redes neuronales que constituyen los substratos de nuestra capacidad mental.

La película Limitless es un verdadero estandarte de cierta mentalidad postmoderna que expresa el deseo de no tener límites.

En este último punto, la ciencia médica tiene que sumarse a la reflexión bioética y tener la valentía de exponer las falsas y fáciles expectativas con el fin de redimensionar los escenarios cinematográficos volviendo a presentar en el debate los conceptos de “medicina” y de “salud”. El médico no puede reducirse a un distribuidor de soluciones fáciles según los deseos de los pacientes.

Entonces, frente a los riesgos para la salud y a la falta de estudios científicos en personas sanas sobre los efectos a largo plazo de estas sustancias, ¿quién se arriesgaría a utilizar estos comprimidos?

Al contrario, los límites pueden ser considerados como una parte ineludible de la propia vida. Una visión más realista, alimentada por valores y criterios éticos, contribuye a desarrollar un equilibrio psíquico sano. Esto es el verdadero potenciamiento de nuestra naturaleza.

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