mercoledì 11 gennaio 2012

NEUROLIBERTAD: ¿somos de verdad libres?


La cuestión de la libertad humana ha ocupado desde los tiempos más remoto a los mejores espíritus. De una forma o de otra de por medio está la contradicción y el escándalo entre determinación y libre albedrío.

Empiezo con este artículo una reflexión acerca de esta temática neuroética que encuentra hoy en día un renovado descubrimiento empujado por los más recientes descubrimientos neurocientíficos.  

“Si la voluntad de los hombres fuese libre, es decir, si el hombre pudiera obrar a su antojo, la historia no sería más que una sucesión de azares sin conexión alguna entre sí.
Si de cada período de mil años surgiera, entre un millón de hombres uno solo que tuviera la posibilidad de obrar de otra manera, es decir, de obrar libremente, es evidente que un solo acto libre de ese hombre, contrario a las leyes que gobiernan la conducta humana, destruiría la posibilidad de la existencia de leyes para la humanidad entera.
Y si los actos de los hombres son dirigidos por una sola ley, no existiría el libre albedrío, pues la voluntad de los hombres estaría sometida a esta ley”[1].

Así Lev Tolstoj sintetiza, en la segunda parte del epílogo de su obra magistral titulada La Guerra y la paz, la conclusión filosófica a la cual llegó: “nos es necesario renunciar a esa libertad de la que tenemos conciencia y reconocer una dependencia que no sentimos[2].

Tolstoj no podía imaginarse que después de casi dos siglos, este mismo escepticismo con respeto de la libertad humana pudiera volver a ponerse de moda.

Hoy en día la capacidad tecnológica de poder estudiar en vivo y visualizar las zonas de nuestro cerebro que se activan en determinadas circunstancias ha producido un verdadero mar de estudios de diferentes resultados.  

La electroencefalografía y el desarrollo de las técnicas de neuroimagen, entre las cuales destaca la famosa fRMN o resonancia magnética funcional, no pudieron ser confinados a la mera, pero importantísima, área clínica útil para el diagnóstico de enfermedades a nivel cerebral, pero del laboratorio invadieron literalmente nuestra cotidianidad. Los estudios se multiplicaron de acuerdo a la fantasía y al genio de cada científico. Del querer comprender los fundamentos neurofisiológicos de actividades humanas como la memoria, el lenguaje, la visión, la personalidad, etcétera, se empezó a investigar, uno de los rasgos más característicos de lo humano: su libertad.

Tanto que hoy parece que algunos resultados de la investigación neurocientífica soporte con fuerza el hecho que el ser humano simplemente crea actuar libremente cuando en realidad estaría determinado de su cerebro.   

El debate contemporáneo gira alrededor de preguntas como las siguientes: ¿somos de verdad libres? ¿es mi cerebro que decide antes que yo tome conciencia de mi libre determinación? etc.

Iré tratando contestar a esas y a otras inquietudes acerca de este debate neuroético.

Desde los experimentos de Benjamin Libet en los años ’70-80, de los datos confirmados por Haggard y Eimer, hasta los últimos trabajos de Haynes (simplemente para citar algunos de los científicos involucrados en este campo), buscaré un enfrentamiento sintético que considere con equilibrio la realidad de los hechos y unas correctas interpretaciones en el marco de una antropología integral que de rezones de toda la complejidad del ser humano.





[1] Cf. L. Tolstoi, La guerra y la paz, editorial Porrúa, México 2004, pp.1187-1188.
[2] Cf. Ibid, pp.1203.


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