lunedì 9 aprile 2012

¿Existe “el cerebro gay”? (IV, conclusión)

– factores biológicos y cerebrales en la homosexualidad –


… (continuación) De hecho, algunos investigadores como George Rice, Carol Anderson y  George Ebers de la Western University (Ontario) y, Neil Risch de la Universidad de Stanford, replicaron el estudio de Hamer.

Sus resultados fueron publicados 6 años después que el trabajo de Hamer, en Science, la misma revista en que apareció el de Hamer. La investigación de estos científicos incluyó un mayor número de parejas de hermanos homosexuales (52, frente a las 40 de Hamer) y su conclusión fue que los resultados de su investigación no permitían concluir que en los gays se diera la alteración genética indicada por Hamer, los autores así concluían: “estos resultados no soportan la existencia de un gen ligado al cromosoma X y responsable de la homosexualidad” [1].

El proprio Hamer tuvo que matizar sus conclusiones iniciales.

Ya el mismo año en que apareció el primer trabajo de Hamer (1993), William Byne y Bruce Parsons de la Columbia University publicaron un estudio crítico de los resultados del citado trabajo. Según Byne y Parsons, la investigación y las conclusiones del trabajo de Hamer les hacían sospechosos de algunas manipulaciones. Los dos científicos afirmaron que “hoy en día no hay evidencias científicas que soporten una teoría biológica de la homosexualidad[2].

Esta manifiesta tendencia de los gays a buscar una justificación científica, o si se quiere biológica, de su orientación sexual, ha sido criticada por los mismos homosexuales. Así, Edward Stein manifestaba su disconformidad con la porfiada búsqueda de la base biológica de la homosexualidad, que les llevaba a una forzada interpretación de los resultados obtenidos en sus investigaciones [3].

Las investigaciones de LeVay y de Hamer son, sin duda, las más conocidas, pero hay también otras entre las cuales: el diámetro de la comisura anterior del cerebro, las huellas dactilares, la longitud del índice de la mano y el orden en los nacimientos. Todas ellas tienen en común que son características biológicas que aparecen antes del nacimiento, lo cual quiere decir que la orientación sexual viene determinada antes de nacer.

Estos estudios, publicados en revistas científicas conocidas, son una prueba más del interés, por parte de los homosexuales, en demostrar que su orientación sexual es algo biológico y congénito, por lo que cualquier tipo de discriminación es vejatoria y homófoba. 

Recientemente en la revista Neuroscientist la científica cina Ai-Min Bao y el investigador holandés Dick F. Swaab publicaron un artículo en el cual se afirma un estrecho determinismo genético por lo que se refiere al desarrollo de la orientación sexual humana. Los científicos afirmaron que “al estado actual non hay prueba que el ambiente social post-natal tenga un efecto crucial en la identidad de genero o en la orientación sexual” [4].

Estos investigadores parecen olvidarse por completo que las evidencias actuales justo apuntan a un escenario opuesto: más y más los biólogos moleculares están tomando conciencia que los genes (mejor dicho, las variantes de los alelos de los genes) cooperan estrechamente con el ambiente circunstante. La importancia de los así llamados factores epi-genéticos resulta crucial y permite al ser humano “escapar” de un estrecho determinismo biológico.

Concluyendo este estudio de análisis, cabe afirmar que hoy en día no hay pruebas neurocientíficas, ni genéticas, que soporten la pretensión que la homosexualidad sea un estado natural del ser humano, al revés, como se ha tratado de evidenciar, existen numerosos estudios realizados en esta temática y abundantes evidencias empíricas que niegan la existencia de bases genéticas y neurológicas causales responsables de la gaycidad.

No existe tampoco el “cerebro gay” postulado por LeVay. Esto no excluye que pueda haber factores biológicos, genéticos y neurológicos que puedan fungir como factores que, junto con muchos otros, puedan contribuir al desarrollo de una determinada orientación sexual.

Lo que parece bastante claro es que no estamos delante de un determinismo neurocientífico sino más bien un condicionamiento psicológico y, probablemente, sociológico.



[1] G. Rice, et al., Male Homosexuality: Absence of Linkage to Microsatellite Markers at Xq28, «Science» 23, 1999, pp. 665-667.

[2] W. Byne, B. Parsons, Human sexual orientation, «Arch Gen Psychiatry» 50, 1993, pp. 228-239.

[3] L. M. Gonzalo Sanz, Entre libertad y determinismo…, p. 100.

[4] A-M. Bao, D. F. Swaab, Sex Differences in the Brain, Behavior, and Neuropsychiatric Disorders, «Neuroscientist» 16, 2010, pp. 550-565.

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