mercoledì 10 aprile 2013

Origen y Desarrollo de la Neuroética - I


El pasado 6 de diciembre 2012 presenté una ponencia que se tituló: Origen y Desarrollo del la Neuroética, en ocasión del octavo congreso nacional y quinto internacional promovido por la Academia Nacional Mexicana de Bioética.

Empiezo hoy a compartir el texto.

Video-Conferencia Magistral: Origen y Desarrollo de la Neuroética
Dr. Alberto Carrara



 
«En primer lugar, quisiera saludar a todos los participantes de este octavo congreso nacional y quinto internacional promovido por la Academia Nacional Mexicana de Bioética que lleva como título: La Bioética. Su praxis clínica: reflección y acción. También agradezco a los organizadores la invitación. Es un placer y un honor poder compartir con ustedes en esta mañana acerca del origen y desarrollo de la así llamada “Neuroética”, una temática emergente tanto dentro, como fuera de los confines clásicos de la Bioética.

El esquema que seguiré es el siguiente:
·        Introducción
·        Dos premisas: el “Neurocentrismo” contemporáneo y la así llamanda “Nauromanía”
·        De la Neurociencia a la “Neuroética”
·        Origen de la “Neuroética”
·        Desarrollo actual de la “Neuroética”

Algunas preguntas nos permiten acercar a la “Neuroética”. ¿Qué es el cerebro? ¿Cómo funciona? ¿Cuál es el papel que desempeña en la existencia humana? ¿Y qué relevancia tiene en el caso de la muerte? ¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes del diagnóstico de muerte encefálica? ¿Es posible intervenir directamente en el cerebro para tratar determinadas enfermedades mentales? ¿Qué significa ser consciente? ¿Qué grado de conciencia experimentan los pacientes en los diferentes estados alterados de conciencia: coma, estados vegetativos, estado de mínima conciencia, síndrome lock-in?

Más aun: ¿actuamos libremente o es la actividad cerebral la que nos impulsa en una determinada dirección? ¿Tienen alguna responsabilidad moral quienes padecen alteraciones o disfunciones cerebrales? ¿Pensamos y actuamos moralmente condicionados por el funcionamiento de nuestro cerebro? ¿Es lícito intervenir directamente en el cerebro de sujetos sin deficiencias o enfermedades, farmacológicamente, con cirugía, etcétera, para mejorar las capacidades cognitivas? ¿Se puede suministrar sensaciones de felicidad a través de la así llamada estimulación eléctrica del sistema nervioso central? ¿Es posible y justo organizar las sociedades a la luz de los hallazgos neurocientíficos? ¿Cómo nuestras nociones de racionalidad, libre voluntad, responsabilidad, etcétera se modificarán a la luz de una mejor comprensión de las bases cerebrales que permites sus manifestaciones?  

En fin: ¿soy “yo” algo más que mi proprio cerebro?

Algunas respuestas derivadas de la neurociencia a estas preguntas, y otras semejantes, aunque todavía parciales y muchas veces demasiado categóricas, están moldeando poco a poco nuestras concepciones de la vida moral y social del ser humano. Conceptos éticos fundamentales de la tradición filosófica están siendo revisados a la luz de recientes estudios en torno a las bases cerebrales del pensamiento y de la acción humana. Las preguntas en torno a nuestro cerebro son tan lejanas en el tiempo como desarrolladas por lo recientes descubrimientos tecnológicos en el ámbito de la investigación neurocientífica. Si algunos filósofos y médicos, desde los Egipcios, pasando por la Grecia antigua, hasta la primera década del siglo Veintiuno, especularon todo tipo de hipótesis sobre este extraño y misterioso órgano situado en la cavidad craneal, los años noventa del siglo pasado y la primera década de este tercer milenio nos presentan resultados neurocientíficos que suscitan apasionados e inquietantes problemas filosóficos y especialmente éticos.

La aplicación al hombre cada vez más rápida de los descubrimientos neurocientíficos, fruto de las abundantes investigaciones que tratan de descifrar los misterios del cerebro y de la mente humana, han hecho surgir en la opinión pública sentimientos muchas veces opuestos y antitéticos. En este marco se desarrolló, y sigue desarrollándose, el nuevo campo de investigación y reflexión denominado: “Neuroética”.

En los últimos años, el término “Neuroética” ha venido adquiriendo carta de naturaleza, especialmente en el entorno anglosajón, en cuanto a su difusión y contenido. Pero la “Neuroética” ya se había difundido, por lo meno como término, a nivel global. Parece ya incuestionable que se trate de una nueva y consistente disciplina.

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