lunedì 27 maggio 2013

NEUROÉTICA: nuevas “pistas” para filosofar

Ayer en el portal LaGaceta de la Universidad de Guadalajara (México) salió este artículo de Cuauthémoc Mayorga Madrigal titulado: Neuroética, nuevas pistas parafilosofar. El autor quiere reflexionar acerca del año de la Neurociencia (2012) que acaba de concluir.  

Interesante la identificación (opinable) entre neuroética y neurofilosofía.



«Si instalaran una clínica que ayudara por medio de una insignificante operación en el cerebro de su hijo, a controlar su conducta, obtener mejores calificaciones y aprender inglés en ocho semanas, ¿consideraría la posibilidad de someter a su vástago a esta intervención?

Si el Estado mexicano sometiera a todos los niños a un examen de neuroimagen para saber si son delincuentes en potencia y tomar las medidas pertinentes para prevenir delitos en el futuro, ¿estaría haciendo lo correcto? ¿Estaría de acuerdo en que las escuelas proporcionaran a los estudiantes medicamentos para regular su conducta y mejorar la asimilación de los saberes?

En 2012 concluyó el denominado año de las neurociencias. A pesar de la importancia internacional que tuvo este suceso, en nuestro país pasó casi inadvertido.
Valdría la pena detenernos un momento a reflexionar sobre la trascendencia de este acontecimiento y, más específicamente, sobre las incógnitas que genera el avance de esta rama del conocimiento.

Primero deseo destacar una constante sobre la interacción entre filosofía y las ciencias, que se acentúa en el caso de las neurociencias. Hay reflexiones filosóficas inconclusas (como casi toda reflexión filosófica), que paulatinamente abandonan los recursos metodológicos que le son propios y buscan una solución a través de los cauces de la ciencia; pero como dicha problemática no pierde vigencia en el ámbito filosófico, vuelve a ser retomada por la filosofía, pero enriquecida por los nuevos datos que aporta la investigación científica. En este sentido, hay renovadas interrogantes filosóficas y hasta nuevas ramas de la filosofía que ofrecen una perspectiva distinta en la reflexión por el conocimiento, por la sociedad y por el cosmos. En tales tipos de retos filosóficos nos sitúa el desarrollo de las neurociencias.

El desarrollo de las neurociencias incide sobre recurrentes cuestiones filosóficas, a tal grado que en varios países ha comenzado a surgir un nuevo tipo de reflexión filosófica conocida con el nombre de neurofilosofía o neuroética

La neuroética, nueva disciplina propuesta en 2002, en el congreso mundial convocado por The Dana Fundation, en San Francisco, ofreció una alternativa para analizar de manera renovada incógnitas cimentales de la filosofía, pero enriquecidas por el saber generado por la neurociencia y delimitando los parámetros del análisis a la influencia que reciben las ramas de la filosofía por el desarrollo de estos nuevos conocimientos. 

En este sentido, la neuroética trata problemas propios de la epistemología, la ética, la axiología, la antropología, la metafísica, la política o la estética, poniendo especial atención a lo que podemos conocer en torno a los antiguos debates que hoy se ven enriquecidos por el saber que ofrecen las neurociencias. 

¿Qué de especial tiene la neurociencia para motivar el nacimiento de una nueva disciplina filosófica? Una de las maneras de entender el trabajo de las neurociencias consiste en admitir la hipótesis de que en el cerebro radica nuestra capacidad cognitiva y sensitiva, esto es, sobre una entidad material de nuestro organismo. 

Del reconocimiento de dicho punto pierde vigencia la visión dualista que distingue entidades materiales y espirituales y, con los insumos de las neurociencias, sólo cabe reconocer entidades materiales; esto es, sólo un monismo materialista parece tener cabida a la luz de las neurociencias.

Con el desarrollo de las neurociencias se abren dos vertientes para la reflexión filosófica, que fueron reconocidas en el congreso de San Francisco: “la ética de las neurociencias” y “las neurociencias de la ética”. 

La primera implica una reflexión sobre las interrogantes morales generadas tanto en el tratamiento como en la experimentación con el cerebro. Respecto al tratamiento, caben interrogantes acerca de la conveniencia de recurrir a medicamentos o intervenciones físicas en el cerebro, con el fin de modificar la conducta. Con relación a la experimentación, el cuestionamiento central radica en la justificación moral de intervenir en los cerebros humanos o animales con el fin de tener una mejor comprensión de la naturaleza del sistema nervioso y sus repercusiones en nuestra conducta. 


Sin alejarse demasiado de la reflexión moral, la neurociencia de la ética busca descubrir la raíz neurobiológica de interrogantes clásicas de la filosofía, poniendo especial atención en las motivaciones biológicas de nuestra conducta, nuestra incitación y participación en el desarrollo del conocimiento, nuestra forma de organizarnos políticamente y nuestras inclinaciones hacia las experiencias estéticas. En este sentido, estas inquietudes intelectuales, que dieron origen a la filosofía y que al paso de los siglos han encontrado diversas vertientes para ser analizadas, se enfrentan con un nuevo paradigma que pudiese cambiar de manera radical las formas y teorías con que se hace la filosofía a la luz de una de las más enigmáticas de las ciencias».

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