giovedì 6 giugno 2013

Origen y Desarrollo de la Neuroética – III

Video-Conferencia Magistral: ORIGEN y DESARROLLO DE LA NEUROÉTICA (tercera parte – desarrollo histórico) – VIII Congreso Nacional y V Internacional, Academia Nacional Mexicana de BioéticaCátedra UNESCO en Bioética y Derechos Humanos

Dr. Alberto Carrara




…. El neurocentrismo contemporáneo se explica a la luz de la historia de la medicina con respeto al cerebro

En la antigüedad, el primer escrito conocido sobre el cerebro parece tener la edad de unos 3000 años. Se encuentra en un papiro comprado por Edwing Smith a finales del siglo Diecinueve. Si bien es verdad que no hay seguridad de que sea el original, ha sido datado en el siglo Dieciséis antes de Cristo, aunque probablemente sería una copia de otro más antiguo proveniente de la conocida tradición médica del arquitecto y médico egipcio Imhotep, el cual vivió aproximadamente en los años 2690-2610 antes de Cristo. En dicho papiro se describe con cierto detalle el diagnóstico, tratamiento y pronóstico de dos pacientes con heridas en la cabeza y el cuello. 

Se menciona también la práctica de trepanaciones, ya que según las creencias médicas de la época, algunos trastornos dela cabeza eran consecuencias de la acumulación de gases o humores en esa zona del cuerpo y, gracias a los trépanos realizados, podrían salir al exterior liberando el paciente de su efecto  nocivo. Sin embargo, el escrito señala que la mayoría, pero no todos, de los pacientes morían. Algunos sobrevivieron después de la neurocirugía.

Un segundo referente histórico sobre la importancia del cerebro llega más tarde, en la antigua Grecia del siglo Quinto antes de Cristo: se trata de la gran teoría neurocéntrica de Alcmaeon de Crotona (540-500 antes de Cristo), uno de los primeros pensadores en destacar la importancia del cerebro para las funciones superiores del hombre. Junto a él, Demócrito (460-370 antes de Cristo) aportó ideas muy importantes que perviven en el gran fundador de la medicina: Hipócrates (460-370 antes de Cristo) y en Platón (427-347 antes de Cristo). Aristóteles (384-322 antes de Cristo), por el contrario, daba una mayor importancia al corazón. 

Recordamos también que Escribonio Largo en el 65 después de Cristo aplicaba en la cabeza de pacientes con hemicránea unos animales denominados torpedos que descargando electricidad producían un efecto terapéutico. Se considera esta práctica como la fundación de la moderna neurotecnología de estimulación cerebral profunda o deep brain stimulation

En el segundo siglo después de Cristo, el médico Galeno realizó descubrimientos muy importantes para el estudio del sistema nervioso; entre ellos, los más importantes son los siguientes: el control de la musculatura por la médula espinal; la presencia de nervios pares en las estructuras craneales; el control de la voz por parte del cerebro, y que, en general, el cerebro era el encargado de controlar los cuatros humores que catalizaban el funcionamiento de nuestro cuerpo y de nuestra personalidad somática y psíquica.

Durante mucho tiempo, las descripciones y supuestos morfofuncionales y anatomoclínicos de Galeno fueron admitidos de forma pacífica durante más de doce siglos. En el periodo medioeval, el desarrollo de la medicina y el conocimiento de los mecanismos biológicos fue desproporcionadamente menor que los de otras esferas del saber. En todo caso, hay que mencionar la figura del médico y filósofo persa Avicena, él supuso la presentación del pensamiento aristotélico en el mundo medioeval de occidente, sus obras fueron traducidas en latín en el siglo Doce y tuvieron gran influencia en pensadores medievales de la talla de Tomás de Aquino, Buenaventura y Duns Scoto. Para estos filósofos la tesis de que el cerebro es el órgano implicado en la actividad cognitiva y afectiva del hombre, y que explica enteramente la conducta animal, era algo pacíficamente admitido. 

Desde el inicio de la edad moderna, la ciencia experimental, que se corresponde en la medicina con el conocimiento más exacto de la anatomía y la fisiología del cuerpo humano, se ha ido desarrollando poderosamente hasta hoy. El desarrollo de la medicina moderna está vinculado, en buena medida, al cambio de paradigma que en la historia del pensamiento se produce: se comienza a dar prioridad al desarrollo de las investigaciones sobre la naturaleza, y asimismo aparece en escena, con una fuerza muy notoria, la ciencia experimental. El hombre del renacimiento por excelencia, Leonardo da Vinci, fue un auténtico precursor en el análisis de la anatomía cerebral: fue el primero en utilizar material sólido, cera, para visualizar la forma tridimensional completa de los ventrículos cerebrales y, en consecuencia, en observar las relaciones de las estructuras encefálicas que les rodean.

A mediados del siglo Dieciséis tiene lugar un hecho de decisiva importancia: la formulación, por el profesor de anatomía de la universidad de Padua Andreas Vesalius, de un principio medico clave en la neurociencia. Según Vesalius el conocimiento de la anatomía o la morfología de una estructura conduce a comprender mejor su fisiología. Fue pero merito del médico británico Thomas Willis (1621-1675) el detallar con precisión el estudio del sistema nervioso central. Su celebre y conocido tratado sobre la Anatomía cerebral, Cerebri Anatome, publicado en 1664, marca según muchos expertos el origen de la neurociencia moderna. Willis fue también el primer científico que intentó asignar determinadas funciones mentales a áreas concretas del cerebro.

El siglo Diecinueve es, sin duda alguna, un período de extraordinaria importancia para el estudio del cerebro y para la historia de la neurociencia. Entre otros, algunos rasgos característicos de esta etapa hacia el neurocentrismo contemporáneo son: en primer lugar los estudios anatomo-clínicos de las funciones cerebrales, cabe mencionar la discusión entre las doctrinas localizacionistas y antilocalizacionistas surgidas respetivamente del anatomista y fisiológo Franz Joseph Gall (1758-1828) y  del médico francés Marie Jean Pierre Flourens (1794-1867). Gall estaba convencido de que las funciones mentales residen en áreas específicas del cerebro, y eso determinaría el comportamiento de la persona; mientras para Flourens, tras haber realizado numerosos experimentos ablativos en cerebros de animales, llegó a la conclusión de que el daño conductual producido por la lesión no dependía de la zona concreta que se extirpase, sino de la cantidad de masa encefálica lesionada.

Sabemos que existen algunos hechos experimentales que muestran que lesiones de zonas específicas del cerebro producen alteraciones de la conducta humana, por ejemplo: la lesión histórica que afectó el capataz Phineas Gage el 13 de septiembre de 1848, accidente que sufrió al atravesarle una barra de hierro parte de la cara y las porciones más anteriores de la cavidad craneal. Al perder una gran cantidad de corteza cerebral prefrontal, Gage no murió, se recuperó, pero su personalidad experimentó un cambio notable.

Otro ejemplo en esta línea se refiere a los descubrimientos del médico francés Paul Pierre Broca en el año 1861 y a los hallazgos del médico Karl Wernicke en Alemania en el año 1874. Broca identificó una zona de la corteza cerebral que acoge el denominado centro del habla, justo en la circunvolución frontal inferior del lóbulo frontal que en la mayoría de los individuos está situada en el hemisferio cerebral del lado izquierdo. Wernicke identificó, en estudios realizados de forma interdisciplinar, otra área cerebral distinta de la de Broca. Sus descripciones se ceñían a un tipo especial de afasia, diferente al descrito por Broca, en el cual el paciente podía hablar, pero no entendía lo que se le decía.

Otro rasgo característico que preparó la etapa neurocéntrica contemporánea se refiere al descubrimiento de la teoría celular y a los estudios con técnicas histológicas del sistema nervioso por parte del médico y citólogo italiano Camillo Golgi (1843-1926) y del español Santiago Ramón y Cajal (1852-1934). Cabe recordar también en este panorama, el adviento de la así llamada psicofarmacología, desde la introducción en 1950 del primer fármaco útil en tratar la esquizofrenia: la clorpromacina.
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