mercoledì 23 settembre 2015

Eternal (Self/less)

por Alberto Carrara, L.C.

Mañana, jueves 24 de septiembre el Prof. P. Alberto Carrara, L.C., presentará y debatirá en Roma la película Eternal (Selfless, 2015). A seguir una guía sintética acerca de las temáticas neurobioéticas relativas a la conciencia y a la corporeidad.
  
1.     Sinopsis

A un poderoso millonario, enfermo de un cáncer terminal al cerebro (Ben Kinglsey), le ofrecen la posibilidad de someterse a un procedimiento médico radical para transferir su conciencia a un cuerpo humano sano y joven.

Al principio la operación va bien y el hombre disfruta de su renovada juventud, pero todo se complica cuando empieza a descubrir los detalles en torno a la procedencia de su nuevo cuerpo: el cuerpo que habita pertenecía a una persona (Ryan Reynolds) que lo vendió a cambio de dinero para su familia. Con este descubrimiento pondrá su vida en peligro, ya que en este lucrativo negocio no pueden quedar cabos sueltos.

Dirigida por Tarsem Singh (Inmortals), y protagonizada por Ryan Reynolds (Green Lantern), Natalie Martinez (La cúpula) y Michelle Dockery (Downton Abbey).


2.     El director

Desde sus inicios, he seguido con especial atención la carrera de Tarsem Singh. Este cineasta, que empezó dirigiendo videoclips tan icónicos como el de Losing my Religion de Rem, pone una especial atención en la estética cuidando cada plano al detalle, como si se tratara de un cuadro. Por eso, con su primera película, La Celda, nos dejó a todos boquiabierto ante el barroquismo visual del que hacía gala un film cuyo guion no hacía justicia a todo el derroche visual que ofrecía la puesta en escena de su director y que, desde luego, era la primordial causa de que el film fuera mejor de lo que pudo haber sido (ante un libreto desaprovechadísimo, y un reparto bastante desganado). Seis años después nos regaló la que es su obra maestra, The Fall, una auténtica obra de arte donde, y aquí sí, guión y estética se daban de la mano para contarnos uno de los mejores cuentos que nos han deparado en las últimas décadas (un film del que Terry Gilliam sentiría una envidia plena). En 2011 nos brindó con Inmortals un film que, aunque pudo estar mejor, seguía ofreciendo una carga visual que embelesaba los ojos (aún recuerdo esa violenta y estética pelea final) y al año siguiente nos regaló su divertida propuesta de Blancanieves, una propuesta infantil como si fuera de antaño que si funciona es por su condición de divertimento (aunque audiovisualmente era estupenda…como no). Ahora, después de tres años, nos llega su última película, Eternal, que cuenta con una idea de lo más interesante…y ya, porque os adelanto ya mismo que se trata de la peor película del director con bastante diferencia.

3.     Críticas cinematográficas

Viendo esta entretenida y más que interesante nueva incursión en la ciencia ficción tanto del director, Tarsem Singh (tras La celda) como de sus guionistas, los españoles Álex y David Pastor (Los últimos días), casi parece que su estructura abiertamente dividida en dos partes, ambas muy diferentes en temas de estilo, obedeciera a la fusión de dos películas diferentes pero complementarias: una, toda la primera parte en la cual aparece el personaje de Ben Kingsley, firmada por el preciosista y barroco autor de Inmortals (ya el título era una premonición) y la otra, la segunda, un thriller fantacientífico en tono de persecución y huida (El fugitivo, o su setentera variación ci-fi televisiva que fuera  El inmortal, con Christopher George, se encuentra con Starman), firmada por los hermanos Pastor prosiguiendo su debut USA con Infectados. Esa dualidad, que es asimismo el leit motiv de la película, por supuesto que no obedece a un capricho de los responsables de Eternal, sino que se halla plenamente justificada por su trama. Lo que no es óbice para que Singh sea más él mismo en ese apartamento de dios mitológico opulento y bañado en oro donde vive el moribundo multimillonario sin corazón, que en las sucesivas peripecias que vivirá su reencarnación en forma de Ryan Reynolds, filmadas de una manera muy setentera y ochentera, con una caligrafía muy reconocible aunque algo impersonal.


No haré ningún spoiler sobre el argumento y su resolución (aunque los Pastor son unos sentimentales, eso es evidente), pero sí que saludaré y felicitaré por el look que tanto la historia como su realización tienen: el de alguna novela inédita, el de alguna película jamás filmada, del escritor y cineasta Michael Crichton. La sombra de Coma y de otras de sus novelas se vislumbra en el guion de Eternal y en secuencias como las del laboratorio secreto. Y también el poderoso influjo de Stephen King (la zona muerta y aquella fracasada teleserie llamada Los años dorados), detectable en ese momento con la niña y el niño en la sala de juegos. Una película, en suma, tan agradable de ver como ya vista muchas veces antes, y con un soterrado mensaje alrededor del valor de la verdadera identidad del ser humano y del creador artístico.

4.     Temas

Esta película de ciencia ficción toca temas claves del “trans” y “post-humanismo” contemporáneo.

«El mundo contemporáneo se caracteriza por tener un magnífico conjunto de conocimientos científicos, responsables por el desarrollo de la tecnología que diseminan por todas las latitudes del planeta y se incorporan, de modo prácticamente insustituible, a la cotidianidad del ser humano. En ninguna otra época de la historia el hombre fue capaz de acumular tanto conocimiento, lo que ha causado el surgimiento de nuevas disciplinas y ciencias»[1]. Se empiezan a entender las visiones post-humanísticas tomando en cuenta que «una de las marcas distintivas del mundo contemporáneo es el desarrollo de tecnologías médicas que posponen, redefinen el instante de la muerte gracias al control técnico del “evento” y la intervención en la constitución física del cuerpo humano. Desde este punto de vista, el en­cuentro entre el respirador artificial y el cuerpo, en un escenario médico, es lo que Donna Haraway (1991) ha designado de manera sucinta como cyborg, una entidad parcialmente organismo, parcialmente máquina, cuya ambigüedad en tanto tal refleja las contradicciones y transgresiones de la actual tecnología bio-médica»[2].

No cabe duda que «muchos de los nuevos conocimientos biotecnológicos [y neurocientíficos] tienen la finalidad de curar o disminuir las desdichas del hombre, perfeccionando o mejorando sus potencialidades naturales. Sin embargo, su admisibilidad moral todavía es un tema controvertido y este asunto constituye una zona gris»[3].

Tecnología y neurociencias están contribuyendo a alimentar un sueño antiguo cuanto el hombre mismo: el de la inmortalidad. «El sueño de la perfectibilidad del hombre y sus utopías actuales (utopía del placer, utopía de la eternidad y utopía de la belleza), pasaron a ser mediadas por la ciencia y la tecnología. Esto permitiría a los hombres tomar a su cargo la tarea de completar el “trabajo” de la naturaleza o, quien sabe, hasta perfeccionarlo, haciéndose más sabios, más capaces y calificados. Así, pues, la moderna biotecnología [y neurociencias] pone[n] a disposición del hombre la prevención de la fertilidad, la selección genética de gametos y embriones (a través de la ingeniería genética); la alteración de la memoria, los cambios de humor, de comportamiento, del libido y de la atención (a través de las drogas); la sustitución de partes del cuerpo por trasplantes de órganos o tejidos derivados de las células madre y, en fase de desarrollo, la implantación de chips computadorizados en distintas partes anatómicas, en especial en el cerebro»[4]. Las preguntas más apremiantes se pueden resumir así: «¿Estará el hombre dispuesto, una vez más, a transgredir los parámetros de normalidad anatómica y fisiológica establecidos por él mismo? ¿No le bastará para estar satisfecho el hacer su estructura biológica lo suficientemente adaptada para las prácticas corrientes de la especie? ¿Habrá de querer más[5].

El sueño post-humanístico se puede resumir en tres etapas.

1)    Llevar el cerebro fuera del cráneo. «Con el advenimiento de la cibercultura como dijo McLuhan: “el hombre está llevando su cerebro fuera de su cráneo y nervios fuera de su piel; la nueva tecnología engendra un nuevo hombre. La rueda es una extensión del pie. El libro es una extensión del ojo... la ropa es una extensión de la piel” (I. McLuhan, El medio es el masaje, Barcelona: Paid6s, 1995, pp. 26-39.)»[6].

2)    Extraer la “conciencia” del cerebro y convertirla en información digital. «Del cuerpo humano solo quedará una nube de información, un remolino de bits. El cuerpo es un residuo del homo sapiens, el homo ciber produce un nuevo cuerpo, un cuerpo-maquina: el ciborg»[7].

3)    Este “Yo” vivirá eternamente en la Red. «En el 2099, no habrá diferencia clara entre seres humanos y computadores, la mayoría de las entidades conscientes no tienen presencia física permanente, se desplazan como información por la red»[8].


En Selfless (Eternal) no se dan las tres etapas, sino una mezcla de las primeras dos, de manera algo incompleta. Para evitar la muerte, se decide, mediante un complejo proceso médico, transplantar su consciencia a la de otro cuerpo.

Otra gran temática es la de las mentes “otras”, es decir, de la posibilidad de implantar “mentes”, en estos casos reducidas a imaginaciones, recuerdos, memorias, etc., en un mismo cuerpo.

Resumiendo, las temáticas antropológicas presentes en Selfless son las siguientes:

·        Vida personal. ¿Cómo se concibe la unidad del ser humano? ¿Y su corporeidad?

·        Conciencia. ¿Cómo se pinta la conciencia humana? 

·        Inmortalidad. La gran temática de la muerte humana se vincula a la posibilidad de permanencia de la autoconciencia subjetiva a pesar de la corporeidad biológica humana. Todo esto se “fundamenta” con hipotéticos estudios relativos a la conciencia humana desde la perspectiva neurobiológica en la misma línea de otras recientes películas: Transcendence (2014), Humandroid-Chappie (2014) e Lucy (2014). El trasfondo filosófico y cultural es el del así llamado trans-humanismo que se estructura en un gran proyecto “humanístico” llamado “2045”. ¿Cómo se concibe la “inmortalidad”?


TRAILER.

[1] J. G. de Fraitas Drumond, «Ética, bioética y los desafíos del siglo XXI», Derecho PUCP 69, 2012, p. 65; de ahora en adelante las palabras enmarcadas de esta manera [] dentro de una cita pertenecen al autor de este artículo.
[2] A. Castillejo Cuéllar, «En la coyuntura entre la antropología y el trasplante de órganos humanos: tendencias, conceptos y agendas», Antípoda 6, 2008, p. 215.
[3] J. G. de Fraitas Drumond, «Ética, bioética y …», p. 65.
[4] Ibid., p. 66.
[5] Cf. J. G. de Fraitas Drumond, «Ética, bioética y …», p. 79.
[6] A. Pinzón León, «De la cultura a la cibercultura el aparato escolar en el proceso de la evolución de lo cultural a lo cibercultural», Cuadernos de Filosofía Latinoamericana 27 (94), 2006, p. 213.
[7] Ibid., p. 215.
[8] Ibid., p. 218. 

Nessun commento:

Posta un commento