por Alberto Carrara, L.C.
Mañana, jueves 24 de septiembre el Prof. P. Alberto Carrara, L.C., presentará
y debatirá en Roma la película Eternal (Selfless, 2015). A seguir una guía sintética
acerca de las temáticas neurobioéticas relativas a la conciencia y a la
corporeidad.
1.
Sinopsis
A un poderoso millonario, enfermo de un cáncer terminal
al cerebro (Ben Kinglsey), le ofrecen
la posibilidad de someterse a un procedimiento médico radical para transferir
su conciencia a un cuerpo humano sano y joven.
Al principio la operación va bien y el hombre disfruta de
su renovada juventud, pero todo se complica cuando empieza a descubrir los
detalles en torno a la procedencia de su nuevo cuerpo: el cuerpo que habita pertenecía a una persona (Ryan Reynolds) que lo vendió
a cambio de dinero para su familia. Con este descubrimiento pondrá su vida en
peligro, ya que en este lucrativo negocio no pueden quedar cabos sueltos.
Dirigida por Tarsem
Singh (Inmortals), y protagonizada por Ryan Reynolds (Green
Lantern), Natalie Martinez (La cúpula) y Michelle Dockery (Downton
Abbey).
2.
El director
Desde sus inicios, he seguido con especial atención la carrera de Tarsem Singh. Este
cineasta, que empezó dirigiendo videoclips tan icónicos como el de Losing my
Religion de Rem, pone una especial atención en la estética cuidando cada plano
al detalle, como si se tratara de un cuadro. Por eso, con su primera película,
La Celda, nos dejó a todos boquiabierto ante el barroquismo visual del que
hacía gala un film cuyo guion no hacía justicia a todo el derroche visual que
ofrecía la puesta en escena de su director y que, desde luego, era la
primordial causa de que el film fuera mejor de lo que pudo haber sido (ante un
libreto desaprovechadísimo, y un reparto bastante desganado). Seis años después
nos regaló la que es su obra maestra, The Fall, una auténtica obra de arte
donde, y aquí sí, guión y estética se daban de la mano para contarnos uno de
los mejores cuentos que nos han deparado en las últimas décadas (un film del
que Terry Gilliam sentiría una envidia plena). En 2011 nos brindó con Inmortals
un film que, aunque pudo estar mejor, seguía ofreciendo una carga visual que
embelesaba los ojos (aún recuerdo esa violenta y estética pelea final) y al año
siguiente nos regaló su divertida propuesta de Blancanieves, una propuesta
infantil como si fuera de antaño que si funciona es por su condición de
divertimento (aunque audiovisualmente era estupenda…como no). Ahora, después de
tres años, nos llega su última película, Eternal, que cuenta con una idea de lo más
interesante…y ya, porque os adelanto ya mismo que se trata de la peor película
del director con bastante diferencia.
3.
Críticas cinematográficas
Viendo esta entretenida y más
que interesante nueva incursión en
la ciencia ficción tanto del
director, Tarsem Singh (tras La
celda) como de sus guionistas, los españoles
Álex y David Pastor (Los últimos días), casi parece que su estructura abiertamente dividida en dos partes, ambas muy diferentes en
temas de estilo, obedeciera a la fusión de dos películas diferentes pero
complementarias: una, toda la primera parte en la cual aparece el personaje de
Ben Kingsley, firmada por el preciosista y barroco autor de Inmortals (ya el título era una premonición)
y la otra, la segunda, un thriller fantacientífico en tono de persecución y
huida (El fugitivo, o su setentera variación ci-fi televisiva
que fuera El inmortal, con
Christopher George, se encuentra con Starman), firmada
por los hermanos Pastor prosiguiendo su debut USA con Infectados. Esa
dualidad, que es asimismo el leit motiv de la película, por supuesto
que no obedece a un capricho de los responsables de Eternal, sino que
se halla plenamente justificada por su trama. Lo que no es óbice para que Singh sea más él mismo en ese
apartamento de dios mitológico opulento y bañado en oro donde vive el moribundo
multimillonario sin corazón, que en las sucesivas peripecias que vivirá su
reencarnación en forma de Ryan Reynolds, filmadas de una manera muy setentera y
ochentera, con una caligrafía muy reconocible aunque algo impersonal.
No haré
ningún spoiler sobre el argumento y su resolución (aunque los Pastor son unos
sentimentales, eso es evidente), pero sí que saludaré y felicitaré por el look
que tanto la historia como su realización tienen: el de alguna novela inédita,
el de alguna película jamás filmada, del escritor y cineasta Michael Crichton.
La sombra de Coma y de otras de sus novelas se
vislumbra en el guion de Eternal y en secuencias como las del laboratorio secreto. Y
también el poderoso influjo de Stephen King (la zona muerta y aquella fracasada
teleserie llamada Los años
dorados), detectable en ese
momento con la niña y el niño en la sala de juegos. Una película, en suma, tan
agradable de ver como ya vista muchas veces antes, y con un soterrado mensaje
alrededor del valor de la verdadera identidad del ser humano y del creador
artístico.
4.
Temas
Esta película de ciencia ficción toca temas claves del “trans” y “post-humanismo” contemporáneo.
«El mundo contemporáneo se caracteriza por tener un magnífico conjunto de
conocimientos científicos, responsables por el desarrollo de la tecnología que diseminan por todas las
latitudes del planeta y se incorporan,
de modo prácticamente insustituible, a la cotidianidad del ser humano. En ninguna otra época de la historia el hombre fue capaz
de acumular tanto conocimiento, lo que ha causado el surgimiento de nuevas
disciplinas y ciencias»[1]. Se empiezan a entender las visiones post-humanísticas tomando en
cuenta que «una
de las marcas distintivas del mundo contemporáneo es el desarrollo de tecnologías
médicas que posponen, redefinen el instante de la muerte gracias al control técnico del “evento” y la
intervención en la constitución física del cuerpo humano. Desde este punto de vista, el encuentro entre el respirador
artificial y el cuerpo, en un escenario médico, es lo que Donna Haraway (1991) ha designado de manera sucinta como cyborg, una entidad
parcialmente organismo, parcialmente máquina, cuya ambigüedad en tanto tal refleja las contradicciones y transgresiones de la actual
tecnología bio-médica»[2].
No cabe duda que «muchos de los nuevos conocimientos biotecnológicos [y
neurocientíficos] tienen la finalidad de curar
o disminuir las desdichas del hombre, perfeccionando
o mejorando sus potencialidades
naturales. Sin embargo, su admisibilidad moral todavía es un tema controvertido
y este asunto constituye una zona gris»[3].
Tecnología y neurociencias están contribuyendo a alimentar un sueño antiguo cuanto el hombre mismo:
el de la inmortalidad. «El sueño de
la perfectibilidad del hombre y sus utopías actuales (utopía del placer, utopía
de la eternidad y utopía de la belleza), pasaron a ser mediadas por la ciencia
y la tecnología. Esto permitiría a los hombres tomar a su cargo la tarea de
completar el “trabajo” de la naturaleza o, quien sabe, hasta perfeccionarlo,
haciéndose más sabios, más capaces y calificados. Así, pues, la moderna
biotecnología [y neurociencias] pone[n] a disposición del hombre la prevención
de la fertilidad, la selección genética de gametos y embriones (a través de la
ingeniería genética); la alteración de la memoria, los cambios de humor, de
comportamiento, del libido y de la atención (a través de las drogas); la
sustitución de partes del cuerpo por trasplantes de órganos o tejidos derivados
de las células madre y, en fase de desarrollo, la implantación de chips
computadorizados en distintas partes anatómicas, en especial en el cerebro»[4]. Las preguntas más apremiantes se pueden resumir así: «¿Estará el hombre dispuesto, una vez más, a
transgredir los parámetros de normalidad anatómica y fisiológica establecidos
por él mismo? ¿No le bastará para estar satisfecho el hacer su estructura
biológica lo suficientemente adaptada para las prácticas corrientes de la
especie? ¿Habrá de querer más?»[5].
El sueño post-humanístico se puede resumir
en tres etapas.
1)
Llevar el cerebro fuera del
cráneo. «Con el advenimiento de la cibercultura como dijo McLuhan: “el
hombre está llevando su cerebro fuera de su cráneo y nervios fuera de su piel;
la nueva tecnología engendra un nuevo hombre. La rueda es una extensión del
pie. El libro es una extensión del ojo... la ropa es una extensión de la piel”
(I. McLuhan, El medio es el masaje,
Barcelona: Paid6s, 1995, pp. 26-39.)»[6].
2)
Extraer la “conciencia” del
cerebro y convertirla en información digital. «Del cuerpo humano solo quedará
una nube de información, un remolino de bits. El cuerpo es un residuo del homo
sapiens, el homo ciber produce un nuevo cuerpo, un cuerpo-maquina:
el ciborg»[7].
3)
Este “Yo” vivirá eternamente en
la Red. «En el 2099, no habrá diferencia clara entre seres humanos y computadores,
la mayoría de las entidades conscientes no tienen presencia física permanente,
se desplazan como información por la red»[8].
En Selfless (Eternal)
no se dan las tres etapas, sino una mezcla de las primeras dos, de manera algo
incompleta. Para evitar la muerte, se decide, mediante un complejo proceso
médico, transplantar su consciencia a la de otro cuerpo.
Otra gran temática es la de las mentes “otras”, es decir, de la posibilidad de implantar
“mentes”, en estos casos reducidas a imaginaciones, recuerdos, memorias, etc.,
en un mismo cuerpo.
Resumiendo, las temáticas antropológicas presentes en Selfless son las siguientes:
·
Vida personal. ¿Cómo se
concibe la unidad del ser humano? ¿Y su corporeidad?
·
Conciencia. ¿Cómo se pinta la
conciencia humana?
·
Inmortalidad. La gran
temática de la muerte humana se vincula a la posibilidad de permanencia de la
autoconciencia subjetiva a pesar de la corporeidad biológica humana. Todo esto
se “fundamenta” con hipotéticos estudios relativos a la conciencia humana desde
la perspectiva neurobiológica en la misma línea de otras recientes películas: Transcendence (2014), Humandroid-Chappie
(2014) e Lucy (2014). El trasfondo
filosófico y cultural es el del así llamado trans-humanismo que se estructura en un gran proyecto “humanístico”
llamado “2045”. ¿Cómo se concibe la
“inmortalidad”?
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| TRAILER. |
[1] J. G. de
Fraitas Drumond, «Ética, bioética y los desafíos del siglo XXI», Derecho PUCP 69, 2012, p. 65; de ahora en adelante las palabras enmarcadas de esta
manera [] dentro de una cita pertenecen al autor de este artículo.
[2] A.
Castillejo Cuéllar, «En la coyuntura entre
la antropología y el trasplante de órganos humanos: tendencias, conceptos y
agendas», Antípoda 6, 2008, p. 215.
[3] J. G. de
Fraitas Drumond, «Ética, bioética y …», p. 65.
[4] Ibid., p. 66.
[5] Cf. J. G. de Fraitas Drumond,
«Ética, bioética y …», p. 79.
[6] A. Pinzón
León, «De la cultura a la cibercultura el aparato escolar
en el proceso de la evolución de lo cultural a lo cibercultural», Cuadernos de Filosofía Latinoamericana 27 (94), 2006, p. 213.
[7] Ibid., p. 215.
[8] Ibid., p. 218.






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